·Nombre del foro: The Exile
·Administradora: _Sara
·Diseño: Gaia
·Ubicación: Niamh, Irlanda
·Estado: Abierto
·Creado en: Octubre, 2010
Últimos temas
» 2x08 -- Presumed Guilty
por Bolly Mar Nov 14, 2017 7:12 pm

» Everybody wants to rule the world ♫
por Calamity Grace Miér Oct 18, 2017 11:00 pm

» Caroline Dhavernas // Rachel Tyler
por _Sara Mar Ago 15, 2017 4:51 pm

» Hello there!
por Bolly Mar Ago 15, 2017 3:12 pm

» Pues hola de nuevo!!
por Heka Mar Jun 27, 2017 12:55 am


¿Lo ves? // A Northiles fic (LUCAS POV)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

¿Lo ves? // A Northiles fic (LUCAS POV)

Mensaje  Bolly el Miér Feb 20, 2013 12:14 am

Creo que ni Heka ni yo hemos hecho públicas las cosas que hemos ido escribiendo de los niños. Como sé que puede haber gente interesada xD voy a ir publicando lo mío.

Esto fue lo primero que escribí, hace meses. Espero que guste Very Happy



Quemaba en su garganta. No sabía definirlo exactamente, si era el rencor, la rabia, los celos. Pero quemaba, lo hacía con una fuerza que no se sentía capaz de calmar por más que quisiera. Había intentado olvidarla, durante semanas lo había hecho logrando con ello únicamente auto destruirse. Beber hasta olvidar su maldito nombre y luego revelarse contra sus jefes con el único resultado de dejarse una mano casi rota, pero en ese momento pensó que incluso el dolor que sintió contra la dura pared mereció la pena. Así un día tras otro, durante días en los que no abandonaba su casa excepto para destrozarse pero esta vez en el maldito gimnasio.

Era la única forma de no pensar en ella, de alejarse, de dejar que la herida fuera curando despacio aunque fuera a marchas forzadas. Eso y el apoyo de Layla, constante, siempre y a todas horas, fueron los que le hicieron salir poco a poco de donde había estado metido durante tres semanas seguidas. Empezó a volver en sí, a aceptar que ese era su trabajo, que si las cosas habían sucedido de esta manera quizás era por algo bueno que tenía que salir de todo aquello. Que a lo mejor la oportunidad de empezar a tener una vida tranquila había llegado con ella, que se desvivía en atenciones. Por un tiempo, lo aceptó. Por un tiempo, pensó que la opción correcta – por supuesto – era tener una vida común, haciendo lo que le gusta y por una vez con alguien de su entorno, que le entendía por completo y le conocía mejor que nadie. Qué más podía pedir, aparte de tener a una persona como Layla cerca. Una mujer maravillosa que se estaba entregando en cuerpo y alma a él.

Saber corresponder, a lo mejor. Ser capaz de dar más de lo que estaba dando, hacerla feliz, tan feliz como Hope llegó a hacerle. Esa mujer, ese nombre, esos momentos que todavía seguían llenando sus días cuando nadie estaba prestándole atención. Y para lograr hacerlo, para lograr apartarla de él, de sacar de su cabeza su cuerpo, sus ojos, su sonrisa, la forma en la que había llegado a aprenderse cada maldito rincón de su cuerpo recorrido con devoción por sus labios...o esos te quiero que llegaban demasiado tarde, esas jodidas confesiones en plena madrugada llenas de alcohol y verdad que no hacían más que partirle el alma en dos. Sólo había una opción para terminar con todo de una vez, y requería un poco de teatro. Únicamente eso. La rabia, el rencor, las ganas incontrolables de darle una paliza a ese duque de los huevos porque estaba disfrutando de algo únicamente suyo, o que él creyó suyo. Pensar en su abandono, en la despedida tan vacía y su posterior marcha a Dublín. En la mentira, en que tuviera que enterarse de esa manera tan patética de que había dejado su trabajo hacía tiempo ya.

Y dinero.

Desde que sabía que inevitablemente tendrían que encontrarse en los juzgados, no había dejado de darle vueltas a la cabeza. Necesitaba algo lo suficientemente fuerte y doloroso como para que ella se alejara de él de una vez, que le recordara como el mayor hijo de puta de la historia y así al menos el proceso de olvidarla sería más llevadero. Lo odiaba y se odió a sí mismo en el momento en que se despertó esa mañana, se puso posiblemente el único traje decente que tenía en el armario y fue al banco antes de la citación. Por más que doliera, tenía que herirla para salvarla de las consecuencias que estar con él traería. Porque las sabía, y muy bien. Con sus jefes, especialmente con Sara, todo era cordialidad hasta que te ponías contra ella. En ese momento, tú y todo lo que te rodea os podíais considerar en la mierda. ¿Qué harían si él decide hacerle caso a su corazón? Fácil: primero vendría el ultimátum, luego la segunda advertencia no tan amigable, después la persecución y finalmente el arresto. Enviarle de nuevo a cualquier lugar remoto arrestado por cualquier excusa estúpida que encontraran sería la menor de las consecuencias. Luego la interrogarían, torturarían o algo peor. Eso era lo que precisamente temía, la razón por la que desde un principio acató las órdenes de Sara. Mejor que ella siguiera de una pieza aunque fuera sin él que tener que soportar que le hagan daño o se deshagan de ella. Les conoce, y sabe perfectamente que podrían hacerlo. Muerto el perro, se acaba la rabia. Es un refrán que no tienen ningún problema en aplicar si es necesario.

North cogió el fajo de billetes y lo guardó en un sobre que luego metió con igual mimo en el bolsillo interno de la chaqueta. Era la hora de enfrentarse a un encuentro para nada deseado, pero el hecho de volverla a ver era suficiente como para que aunque fuera una mínima parte de él se derritiera un poco. Layla había decidido la noche anterior que lo mejor era que intentara descansar dado que se trataba de un asunto importante. No tanto, en realidad. El maldito cabrón que se había propasado con Hope y con quien tuvo más de una palabra y dos después de que le provocara porque le dio la puta gana. Jodido baboso. Si de algo no se arrepentía, incluso ahora, era de haberle dado hasta en el carnet de identidad. Total, lo más probable sería que ahora el cretino quisiera colgarle la demanda a él y quedarse tan tranquilo cuando se enterara de que, efectivamente, él le agredió por lo que le había hecho a Hope y fue totalmente deliberado por su parte y no un encargo de ella (su chulo, le llamó. Tenía gracia a toro pasado) Eso, y por tener ese puto carácter en general y porque ese día no estaba de jodido humor para soportar mierdas, pero eso es secundario. La cuestión es que si le preguntan por qué lo hizo tampoco sabría dar una respuesta precisa. Estaba muerto de celos, quizás esa será la respuesta más lógica. Le invadieron hasta tal punto que esa fue la gota que colmó el vaso. No estaban juntos, no tendría por qué haberlo hecho. Simplemente no soportaba la idea, y aquello…quizás entonces lo supo. Que no era un capricho, un tonteo, algo temporal y sexual de lo que disfrutaban ambos pero nada más. No, era mucho más y hasta la idea le dio algo de miedo, porque nunca en su vida había hecho algo así o se había sentido así por una mujer. De hecho, seguía siendo algo más. A quién coño pretendía engañar.

De cualquier forma, tampoco es como si le fuera a caer mucha lluvia por algo tan simple cuando le han encargado hacer cosas mucho peores que esa. Cosas que si Hope supiera se preguntaría cómo las mismas manos que la habían acariciado eran capaces de hacerlas. Pero eso, ahora estaba en el pasado, ¿no? Todo había terminado. Todo debía terminar.
Pero no fueron esas las palabras que se dijo a sí mismo cuando entró y la vio. Estaba preciosa, elegante como siempre…también acompañada. En principio fue de lejos, pero fue suficiente para darse cuenta del impacto que estaba causando en él su ausencia. Quería acercarse, hablar con ella, decirle cuánto la echaba de menos, el error que había cometido dejándola marchar...

Cerró los ojos por un momento y el puño, tomó aire y miró a Layla en la lejanía. Pensando en cuánto odiaba lo que estaba a punto de hacer en el momento en que cruzara la puerta y todo aquello se diera por concluido de una vez.
***********
Tenerla cerca fue peor de lo que imaginaba. La declaración pasó sin pena ni gloria por más gallito que se pusiera el muy mal nacido con sus amenazas que bien podría meterse por el culo. Dijo la verdad, sin más ni más, tal como supuestamente debería de hacer, si no le gustaba no era su maldito problema. Aún no se había percatado de su presencia, o al menos, no esperaba que fuera a acercarse. Lo más probable.

- Hola, Hope.

Altivez, frialdad, en su mirada y su cuerpo. Se había prometido a sí mismo no derrumbarse delante de ella, no darle otro espectáculo a Schulze para que se riera en su cara tal como lo hizo el día después de que ella prácticamente le obligara a dejar su relación. Quítate el capricho de la cabeza, North. No montes una escena. Ya te encapricharás de otra y se te pasará. Era por su bien, por el bien de ambos, aunque sabía que no la olvidaría ni aunque la alejara de esta forma. Era increíble cómo comportarse así con desconocidos podía resultar tan fácil y sin embargo con ella se estaba haciendo cada vez más complicado. Especialmente en el momento en que sus bonitos ojos oscuros se toparon con los de él. La vio tragar saliva, y casi inconscientemente hizo lo mismo. Pero no. Debía centrarse, debía olvidar el centenar de buenos momentos que se agolpaban en su cabeza como si se trataran de diapositivas. No tenían por qué significar nada. No significaban absolutamente nada, debía conseguir que no lo hiciera.

- Vengo a saldar mis cuentas contigo.

Cuando le preguntó ¿qué cuentas? Aún sabiendo perfectamente la respuesta y con ojos vítreos, resistió la tentación de estrecharla entre sus brazos y no se inmutó ante la silenciosa súplica en su mirada, en su lugar salió una sonrisa sardónica. No podía soportar verla sufrir, pero su eterno mantra de querer apartarla de él definitivamente porque así estaría a salvo le sirvió para continuar. Y recurrir al daño que le hizo, eso siempre funcionaba.

- No sé cuanto cobras la hora. Como siempre, fui el último en enterarme de tu humilde profesión así que no sé cuánto es tu tarifa habitual. Supongo que será caro teniendo en cuenta lo buena que eres así que espero no haberme quedado corto. Al fin y al cabo, fueron muchas veces.

Sus manos se rozaron accidentalmente en el momento en que ella, como si fuera un movimiento automático que ya está más que acostumbrada a hacer, hiciera el ademán de coger el fajo de billetes. Pero no. No estaba todo dicho. Había algo más de lo que la quería hacer consciente. Hacerle recordar todo ese dinero que se había gastado en ella, ese precioso vestido verde que estrenó exclusivamente para él y que no tuvo reparos en quitar. Aunque claro, si se mira sólo por el lado económico, ahora tenía a Jack. Él seguramente la colmaría de cosas y la tendría entre algodones, comprando así sus atenciones. Tenía suerte de que no estuviera a su lado, porque no dudaría ni un segundo en derribarle de un puñetazo seco. Estaba bien, sin embargo. Toda esa rabia acumulada le estaba sirviendo para llevar a cabo lo que estaba haciendo.

- He descontado todo lo que me he gastado en ti. En regalos que te hice cuando pensaba que se los hacía a mi novia y no a mi puta.

Ya estaba. Ya lo había dicho. El insulto que la partiría. Todavía no lograba entender cómo había tenido el valor de decirlo ni por qué las palabras salieron de su boca con tan extrema ligereza y desprecio. Lo sacó de su sobre y posteriormente se lo tiró. Sin más, lo tiró delante de sus narices y vio cómo ella lo arrugaba entre sus manos. Desde luego la actuación de ambos estaba siendo digna de Shakespeare, o al menos eso fue lo que pensó cuando le devolvió la mirada, sonrió y dio las gracias, alegando que era suficiente. Bien pensado, más que de Shakespeare, de película de Luhrmann. No importaba, al menos ahora sí que iba a dar motivos a sus compañeros para cachondearse si así lo deseaban. Ya le daba igual. Había perdido lo que más significado podría haber tomado para él en mucho tiempo, pensaba que eso sería su trabajo, pero la vida le había dado en toda la boca demostrándole que no todo es la profesionalidad, que los sentimientos están ahí y son intensos. Las coñas no iban a solucionarlo, ni a devolverle a Hope. Ni cambiar el punto de vista de Sara.

Sí, quizás eso había estado bien, quizás decirlo incluso había supuesto una gota de alivio porque se estaba demostrando a sí mismo que había podido conseguir su objetivo. Pero sabía que lo que había hecho era difícilmente reparable. Sabía que le había dado en su punto flaco. Pudo notarlo en la forma que casi le faltó tomar aire antes de dar media vuelta y salir como una exhalación.

Se sentía el mayor hijo de puta de la historia. Lo era, y quizás se mereciera que Hope no quisiera jamás ni una gota de su afecto. Apretó la mandíbula en lo que la vio irse, controlando las ganas de frenarla, abrazarla y darle el mejor beso que le hayan podido dar en su vida y suplicar que vuelva a su lado, amarla hasta cansarse en los servicios públicos y mandar el trabajo y su reputación a la mierda. El tacto de una mano sobre la manga de su chaqueta llamó su atención. Miró a su derecha. Era Layla.

- ¿Estás bien? ¿Cómo ha ido?

Aunque ausente por unos segundos, se recompuso rápido. Ya estaba hecho, al menos un peso de sus hombros se iba con la triunfal marcha de Hope, cabeza alta y sonrisa encantadora, cogida del brazo de Jack. Sí, le odiaba. Y así estaba bien.

- Sí – respondió – tranquila, ha ido bien. Estoy deseando quitarme esta estúpida corbata – sonrió ligeramente – ¿Vamos?

Volvió a mirar hacia la entrada. Ella ya no estaba. Quizás era mejor así, sí, era lo mejor. A fin de cuentas, ya se sabe lo que dicen: este tipo de relaciones están destinadas a acabar mal.

Por más que él supiera que todo no había terminado aquí.


avatar
Bolly

Mensajes : 1113
Fecha de inscripción : 14/10/2010
Edad : 34
Localización : Hollywoo.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.