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A las 2 de la mañana // Flynn/Zoe ♥

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A las 2 de la mañana // Flynn/Zoe ♥

Mensaje  Dayna el Lun Feb 04, 2013 1:30 pm




A LAS 2 DE LA MAÑANA

El pasillo está muy oscuro, y miro a mi alrededor, sin ser capaz de distinguir qué es lo que me rodea. Lo único que puedo ver son sombras, y destellos esparcidos por las paredes. Asustada, camino aún más rápido, mis pisadas resonando en el suelo, que parece de mármol. Una luz se enciende. Parece una antorcha, ya que no es luz eléctrica. ¿Dónde estoy?

La luz me permite ver ya dónde me encuentro. El final del pasillo está negro, y no se ve el fondo, sino que sigue y sigue hasta perderse en la oscuridad. A mi derecha, está toda la pared cubierta de espejos. A mi izquierda, quedan sólo los marcos sin espejo dentro. Veo destellos en el suelo, y cuando me agacho para examinarlo, me doy cuenta de que se trata de fragmentos de espejo, toda la hilera de la izquierda, hecha trocitos. Me aproximo a los espejos que quedan a mi derecha, y veo mi reflejo en ellos. Mi reflejo sonríe, aunque yo no lo estoy haciendo.

Entonces, a mi lado, aparece Flynn. Tan guapo como siempre… Y me sonríe. Miro hacia mi izquierda corriendo. No, no está ahí. Está dentro del espejo, mirándome. Alzo una mano para tocarle, pero lo único que toco es la fría superficie cristalina del espejo. Él se acerca a mí. Se acerca tanto que parece que su rostro esté a centímetros del mío. Pero no me puede tocar, él está ahí dentro, y yo aquí fuera. Aún así, arrimo mi rostro al suyo, casi a punto de tocarlo, el vaho de mi respiración formándose en el espejo…


Abro los ojos de repente. ¿Qué coño ha sido eso? No puedo decir que sea la primera vez que sueño con Flynn, pero ha sido tan… raro. El sueño ha sido frustrante. Le tenía cerquísima pero no le podía tocar… Joder. Sacudo la cabeza, tratando de despejarme.

Flynn es la única persona en la que confío en esta isla, aparte de mi tía. Estudio con él, como con él, salimos por ahí, nos divertimos… Hace tiempo que pienso en él como un buen amigo. Pero me parece a mí que mi mente me está jugando malas pasadas.

Cuando le conocí, pensé que era diferente. Le vi flirtear con más de dos chicas a la vez, le vi regodearse con sus amigos y hacerse el chulito. La primera vez que habló conmigo, pensé que era un egocéntrico, pedante y pagado de sí mismo. ¿Cómo una primera impresión podía resultar tan estrepitosamente equivocada?

Me levanto perezosamente de la cama, y lo primero que hago es correr a por la bata. Joder, hace un frío tremendo en esta isla. Con lo calentita que estaba yo en Tucson… Aquí no hace calor ni en verano. Me pongo las zapatillas y voy al baño casi corriendo. Estoy deseando meterme bajo el agua caliente…

-Zoe, no corras por el pasillo. Te vas a resbalar – me dice mi tía, amablemente. El salón huele a café, y ella lleva una bandeja con magdalenas en la mano. Esta mujer me está malcriando…

-Tranquila, tía Caitlin. Tengo experiencia en correr por los pasillos – la respondo, riendo.

Cuando salgo de la ducha, me envuelvo en una toalla y me acerco al espejo. Está cubierto de vapor, así que paso la mano por él, para limpiarlo, y mi reflejo aparece, un tanto borroso. Eso me hace recordar el sueño. El sueño y algo más… Aquel primer día, en el instituto, bajo un huracán, con Flynn y yo atrapados sin más que una toalla. Me río sin darme cuenta.

Cuando termino de meterme el último trozo de la magdalena en la boca, ya vestida y con el pelo seco, miro el reloj. ¡Mierda! ¿Cómo me he entretenido tanto? Hoy he ido más lenta de lo normal. Me despido de mi tía, cojo mi mochila y salgo pitando de casa.

Fuera hace un día bastante soleado, cosa rara, porque ayer diluviaba como si esto fuese el fin del mundo. Aún así, hace un frío que me hace temblar bajo mi abrigo. Bajo la calle rápidamente, a ver si así entro un poco en calor, pero parece tarea inútil. Cuando llego a clase, me dirijo directamente a mi taquilla, para sacar el libro de Geografía, la primera clase del día. Dios, que tortura… Es la clase más aburrida de cuantas tengo, y ya es mala suerte que me toque a primera hora, con sólo un café en mi sistema. Voy a tener que venir antes los miércoles para pasarme por la cafetería antes de clase. Al cerrar la taquilla, me encuentro con la cara de Flynn muy cerca de la mía.

-¡Ay, por Dios! Qué susto me has dado… - exclamo, llevándome una mano al pecho.

-¿Tan feo soy? – me pregunta Flynn, con esa media sonrisa suya. Hoy lleva puestas las gafas, que le dan ese aspecto friki que encuentro tan encantador.

-Sabes que no… - le respondo, intentando mirar hacia otro lado - ¿Qué clase tienes ahora? – pregunto, por preguntar algo. Últimamente no hago más que decir chorradas delante de Flynn. Si no fuera porque me conoce, pensaría que soy estúpida.

-Química. Nuestra clase favorita… - dice, acariciándome la barbilla. Es un gesto que hace mucho, y a mí me pone demasiado nerviosa. Sé que lo de Química lo dice por el día del huracán, y sonrío.

-Pues que te sea leve… Nos vemos después de clase.

Salgo caminando hacia la clase, y cuando me giro, veo que Flynn me está mirando. Giro la esquina del pasillo, con los libros en la mano, mordiéndome el labio y con mil pensamientos en la cabeza, ninguno de los cuales augura nada bueno. No puedo pensar durante la clase de Geografía, y me sorprendo haciendo dibujitos en el margen de mi libro mientras mi profesor comenta no sé qué sobre la demografía de Etiopía. No sé, la verdad es que no le estoy prestando mucha atención… Estoy pensando en la hora libre después de comer, ya que tenemos prácticas con el coro.

El coro es la parte que más me gusta del instituto. Flynn me comentó de su existencia, y menos mal que decidí apuntarme… Adoro cantar, y creo que es lo que mejor se me da, así que allí estoy en mi salsa. Además, Flynn también canta (y mejor que yo, qué envidia me da), así que esa hora la comparto con él.

-¿Qué tal la mañana? – me pregunta él cuando me siento en el comedor y saco mi sándwich. De la comida que sirven aquí he desistido, está más mala que un bocata de chorizo con Nocilla.

-Aburrida, tediosa, insoportable, muermazo… Podría seguir – contesto, dándole un bocado a mi sándwich. Flynn me mira y sonríe, arrugando un poco la frente. Me quedo mirándole unos segundos, porque cuando hace ese gesto pone una cara muy graciosa.

-Ya lo sé, no hacen falta más sinónimos – contesta con una carcajada.

-Bueno, pues por si hicieran falta, los tengo preparados – yo también le sonrío. Es difícil no hacerlo, ya que él suele contagiarme su sonrisa.

-Oye, ¿has visto Skyfall? – pregunta, de repente. Está mirando hacia su plato, como evitando mi mirada. ¿Por qué se ha puesto así de repente?

-No, no la he visto, pero he leído que está bastante bien – no tengo ni idea de a qué viene esta pregunta así de sopetón…

-Ah, genial – responde, sonriendo – Es que llevo tiempo queriendo verla. ¿Vamos el viernes al cine?

Me pilla un poco por sorpresa. No hemos ido nunca al cine juntos en el tiempo que llevo aquí. De hecho, yo directamente no he ido al cine a secas aún. ¿Y si…? Sacudo la cabeza. Sólo llevo unos pocos meses en Niamh, y da la casualidad de que las películas en cartelera no han sido muy buenas que digamos. No hemos ido antes al cine porque no había nada bueno que ver. No quiero pensar más en ello.

-Claro, yo también quiero verla. Además, así estreno el cine, que aún no sé cómo es por dentro…

-Bah, es un poco cutre. Un par de salas pequeñitas con butacas pringosas. Pero de vez en cuando está bien ir, ¿no?

Me sonríe. Otra vez me sonríe el puñetero. ¿Qué coño me pasa últimamente?

-Pues vamos – respondo, sonando despreocupada, o al menos intentándolo. No sé si son imaginaciones mías o me está mirando de forma rara. No, seguro que son imaginaciones mías.
Llegamos al aula donde ensayamos con el coro, y nos sentamos juntos, en el sitio de siempre. El profesor llega y nos expone el tema del día: retos. Tenemos que hacer dúos e interpretarlos como si fuera un reto. Obviamente Flynn y yo vamos a cantar juntos. Siempre lo hacemos. No es que no cantemos con otra gente, claro… Pero nos gusta cómo se acoplan nuestras voces.

El profesor ya da por hecho que vamos a cantar juntos, así que directamente pasa de nosotros y les pregunta al resto con quién van a cantar. Uno por uno (más bien dos por dos) salen a cantar. Lo hacen muy bien, tenemos un buen grupo en el coro. Dos chicas cantan Time to say goodbye, de Simple Plan, y después un chico y otra chica cantan Don’t bring me down, de Electric Light Orchestra. Nos toca el turno a Flynn y a mí…

Durante las otras actuaciones hemos decidido que vamos a cantar Smooth Criminal. Es una canción que nos encanta a ambos, y la hemos cantado otras veces, así que no resultará complicada.

-Recordad que no se trata de demostrar cuánta complicidad tenéis ni lo bien que se coordinan vuestras voces, ¿de acuerdo? Os estáis retando el uno al otro. Quiero que cada uno piense que es el mejor, ¿lo habéis entendido?

El profesor nos suelta esta monserga porque siempre que cantamos juntos se nota nuestra complicidad. Bueno, somos unos profesionales, si quiere reto, tendrá reto…

La música comienza, y nos ponemos uno frente al otro. Fruncimos el ceño, y nos miramos con desdén, paseando por el aula, como retándonos el uno al otro a atacar. Me gusta su mirada desafiante, y por un momento me dejo llevar por ella.

As he came into the window
It was the sound of a crescendo
He came into her apartment
He left the bloodstains on the carpet


Él comenzó a cantar, y una vez más dejó claro que su voz era impresionante.
Seguimos persiguiéndonos por el aula. O, más bien, él me está persiguiendo a mí y yo estoy huyendo. Me gusta que me persiga.

Annie, are you ok?
So, Annie are you ok
Are you ok, Annie?


Nos acercamos el uno al otro, y pongo una silla de por medio, que él quita de un manotazo. Entonces le encaro, y le miro fijamente a los ojos, aproximándose a él. Esta vez es él el que retrocede, pero no mucho. Me deja acercarme, y acabamos los dos cara a cara, muy cerca.

You've been hit by
You've been struck by a smooth criminal


Terminamos de cantar, los dos de frente, sin siquiera mirar a nuestro alrededor. Sólo nos separamos cuando oímos los aplausos. Entonces veo a mi profesor aplaudiendo entusiasmado, y nos dice que ha sido impresionante. Veo caras de asombro entre el resto de chicos (e incluso me parece detectar alguna que otra de envidia), pero Flynn y yo pasamos de ello, y nos sentamos, respirando entrecortadamente por la canción.

Nos miramos un segundo, y es entonces cuando suena el timbre. No me da tiempo a procesar lo que ha ocurrido. ¿Ha sido porque somos muy profesionales, o…? Un golpe en la espalda me corta radicalmente los pensamientos. Me giro y me encuentro a un chico de los que solían ir en el grupo de Flynn. Me mira con mala cara, y frunzo el ceño. ¿Qué diablos le pasa a este? Me vuelvo a dar la vuelta, y noto otro golpe. Bueno, esto ya no lo aguanto.

-Eh, tú, imbécil. ¿Cuál es tu problema? – le pregunto encarándolo. Me saca una cabeza, pero me da igual. No me voy a quedar parada mientras un imbécil intenta molestarme.

-Mi problema eres tú. Viniste dando el coñazo y por tu culpa se ha separado el grupo.

No entiendo nada de lo que está pasando. ¿Qué grupo? Una mano sale de la nada y empuja al chico. Me giro y me encuentro con Flynn, con aspecto de estar muy enfadado.

-Leonard, lárgate – el tal Leonard se acerca a Flynn y me insulta a las claras. Estoy a punto de decirle que se vaya a la mierda, cuando Flynn lo hace por mí. Le vuelve a empujar, esta vez más fuerte, y el otro chico se queda parado – Como vuelvas a decirle algo te rompo el cráneo, ¿entendido? La razón por la que no salgo con vosotros es porque sois un grupo de gilipollas, y estoy por encima de eso. ¿Te ha quedado claro? – Pasa por su lado, empujándole con el hombro, y yo salgo tras él, completamente alucinada.

No hablamos de ello. O, más bien, él decide no hablar de ello, y yo prefiero no preguntarle. Pero la forma en que me ha defendido…

Llego a casa y suelto los bártulos. Aún estoy un poco tocada por lo que ha ocurrido, pero intento relajarme y no pensar demasiado en ello. El día ha sido muy largo…
Decido estudiar un poco, pero realmente no puedo concentrarme, así que recurro a mi lista de Spotify y me pongo a escuchar música. Casi sin darme cuenta, pasan un par de horas. Yo cuando escucho música me autisto, en serio…

-¿Zoe? – mi tía abre la puerta, y me quito un casco para escucharla – Ya está la cena, cielo.

Le doy al pause y me siento en la cama, cansada, con una expresión que a mi tía no ha debido gustarle nada, porque se sienta en el borde de la cama y me mira con cara de preocupación.

-¿Estás bien? – pregunta, con ese tono suave y cariñoso. Pienso cómo es posible que una mujer así no haya tenido hijos. Habría sido una madre maravillosa.

-Sí, sí… - no sé qué me ocurre. No ha sido cosa de hoy, desde luego. Llevo así varios días. Estoy como ausente, más nerviosa de lo habitual… - Tía, no tengo mucha hambre. No me apetece cenar – digo, sintiéndome culpable, ya que sé que se esfuerza mucho en hacer mis platos favoritos. La adoro.

-Zoe, me tienes preocupada. No puedes no comer… ¿Te pasa algo?

Sí, que tengo un lío en la cabeza del tamaño de un campo de fútbol. Que no sé ni siquiera lo que siento por Flynn. Que no sé tampoco lo que siente él. Que…

-No, no me pasa nada – sabe que la estoy mintiendo, se lo veo. Pero no insiste. Cada día la quiero más…

-Está bien, cielo. Pero al menos ven conmigo al salón e intenta comer algo.

Una vez que me pongo a comer me va entrando el apetito, y dejo satisfecha a mi tía. Pero yo no estoy satisfecha en absoluto, aunque procuro que no se me note en la cara. El día de hoy ha sido raro. Comenzando por el sueño, después lo del cine, la canción, el enfrentamiento… Nada ha sido normal, así que, ¿cómo voy a estar yo normal?

Después de cenar, me voy a mi habitación, pero dejo la música. No sé qué hacer.
Me pongo a leer un rato, y al final acaban escociéndome los ojos, porque el libro tiene una letra enanísima. Genial.
Voy al portátil, y me pongo a trastear por internet. Conecto el twitter y me pongo a mirar las menciones. Tengo algunas de mis viejos amigos en Tucson, a los cuales ya sólo hablo por redes sociales, porque llevo meses sin poder verlos. Escribo un tweet hablando de mis nervios. No debería hacerlo, porque en segundos me llegará el aluvión de “Oh no, ¿estás bien?” de gente a la que mis nervios y mi bienestar le importa un cuerno, pero aún así lo pongo. Y unos minutos después, me contesta él.

Hablamos un poco por twitter, comentando lo de mis nervios. Le digo que no me pasa nada, por supuesto, a pesar de que sé que sí me pasa, y es por su culpa. Y entonces me suelta que ha soñado conmigo. Me incorporo en la cama, respirando trabajosamente. ¿Conmigo? Comienzo a teclear, nerviosa. “Yo también he soñado cont…” No. No puedo decírselo. En vez de eso, me acobardo y le respondo con una broma. Y entonces me dice “Tenemos que hablar”.

La verdad es que me asusta un poco la seriedad que adquiere la conversación. Le contesto con tono distendido, pero me vuelve a contestar serio. “Necesito verte ahora. ¿Puedo ir a tu casa?”. Miro el reloj: la una y media de la madrugada. ¿Lo está diciendo en serio? ¿Qué puede ser tan importante como para tener que venir a estas horas?

Me dice que ya viene para acá. Mierda. Me estoy empezando a preocupar. ¿Y si le ha pasado algo malo? Abro la puerta de mi cuarto despacio, y me cojo el móvil. Mi tía está durmiendo, y lo último que quiero es despertarla, porque se va a preocupar aún más. Y con Flynn aquí… No, por favor, que no se despierte.

Enciendo la luz del salón, y me siento en el sillón a esperar. Estoy nerviosísima. No sé qué le ha ocurrido, pero tiene que haber sido muy malo para venir a estas horas. Me levanto y comienzo a pasear por la habitación. El reloj ya marcan las dos menos diez, y él todavía no ha llegado.

Por fin, mi teléfono vibra. Lo miro corriendo, y descubro un mensaje de Flynn. “Estoy en la puerta”. Le abro, y él me mira, con aspecto confuso. Está agitado, y resopla, como su hubiese subido las escaleras corriendo.

-¡Flynn! – exclamo, procurando no levantar mucho la voz – Ven, entra – le tomo del brazo y le paso para adentro, cerrando la puerta tras de mí - ¿Estás bien?

-Sí… Bueno, no. Perdona por despertarte – me dice, con ese mismo tono agitado.

-No te preocupes – le respondo, aunque yo estoy más preocupada que él en estos momentos - ¿Por qué has venido? ¿Se trata de algo muy serio? – pregunto, sintiéndome un tanto taquicárdica.

-Sí – me dice, con alteración. Le miro, impaciente por saber la razón por la que está aquí.

Y entonces me besa.

No lo he visto venir. Me coge totalmente por sorpresa. No he visto su intención, ni me he dado cuenta del paso que ha dado hacia delante, ni tampoco de cuando se ha inclinado hacia mí. Lo único que sé es que hace un segundo él estaba a un metro de distancia, y ahora me está besando.

No sé cómo reaccionar. Joder, ¿Qué está pasando? ¿Por qué me he quedado como una estatua? Algo en mi cerebro se niega a responder. La pregunta no es por qué yo no estoy respondiendo al beso, sino por qué Flynn me lo está dando. Mil pensamientos pasan por mi cabeza en milésimas de segundo, pero lo que me parece más probable es que esté borracho. Sí. Algo ha tenido que ocurrirle, algo malo, horrible, y se ha emborrachado y ha venido aquí y no sabe lo que está haciendo… Es eso, ¿verdad?

Se separa de mí, y yo sigo en shock, sin saber qué hacer o qué decir. ¿Cómo debería reaccionar? ¿Le pregunto qué le ha pasado, o no querrá hablar de ello? No, debe de querer hablar de ello, porque si no, no se habría presentado en mi casa a las dos de la mañana…

-¿Qué… qué ha sido eso? – OH, DIOS. Me siento como la persona más estúpida del planeta en estos momentos.

Él me mira, y frunce el ceño. Seguramente también lo está pensando. Y no le culpo. Se aparta de mí, y se gira hasta quedar de espaldas.

-Algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer – responde. Y mi mundo se viene abajo.

¿Cómo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer? Mi cabeza tiene tal lío en estos momentos que ni el mismísimo Sigmund Freud podría psicoanalizarme. Por una parte quiero creer que el beso ha sido de verdad, y no algo que ha hecho porque la mayor desgracia de su vida le ha nublado el sentido. Pero no puedo dejar de pensar que no puede ser así.

-Flynn… ¿Por qué has venido? – le pregunto. Tengo que salir de dudas. Necesito que me cuente por qué está aquí, si le ha ocurrido algo, porque no estoy solamente confusa, sino también preocupada. Me mira como si me hubiera vuelto verde y me hubieran salido antenas. Sí, definitivamente soy una idiota.

-¿Además de a besarte y decirte lo que siento? – camina hacia el sillón, y se sienta, como si fuese incapaz de permanecer de pie.

-No lo entiendo – digo, en voz baja, más para mí que para él. Pero me oye.

-¿Cómo puede ser que no lo entiendas, Zoe? – dice, alzando la voz. Miro asustada hacia la puerta de la habitación de mi tía, que sigue cerrada. Por dios, que no se despierte ahora… - Siento haberte molestado – añade, poniéndose de pie – Será mejor que me vaya.

-¡No, espera! – le agarro del brazo y le paro. No voy a dejar que se vaya.

-¿Por qué? – espera una respuesta. Pienso a mil por hora, pero mis labios no parecen querer colaborar. No sé qué decir – Mejor me voy.

-No – le sigo reteniendo del brazo – Flynn, estoy hecha un auténtico lío. No puedes irte y dejarme así.

-¿Así cómo? Yo también estoy hecho un lío, Zoe. Lo he estado durante mucho tiempo. Si me pides que me vaya y te deje en paz, no volveré a molestarte nunca más. Venga, pídemelo.

Esta vez sí sé qué decir.

-No puedo. No puedo pedirte eso.

Esta vez es él el que no lo ve venir. Y me alegro de ello. Me acerco a él, poniéndome de puntillas y colocando mis manos a ambos lados de su cintura. Saboreo el momento, ya que antes todos estos pequeños detalles me los he perdido. Le miro de cerca, y elevo mis labios hacia los suyos.

Pero él no es tan tonto como yo. No se queda parado y quieto, sin saber qué hacer. No, él en seguida me envuelve la cintura con un brazo, mientras que su otra mano reposa en mi nuca, acariciando mi pelo. Saboreo sus labios, perdiéndome en ellos, con el corazón bombeando a mil por hora. Al principio el beso es lento, y nos recreamos en él, pero poco a poco, y mientras lo profundizamos, nos vamos besando con más urgencia, como si dependiéramos de los labios del otro para respirar.

Sin embargo, lo que de verdad necesitamos es oxígeno, así que al final, a regañadientes, nos separamos lo suficiente como para poder respirar.

-Buena respuesta – dice Flynn, aún con la respiración entrecortada, sonriéndome. Siempre sonriéndome. Siempre con esa sonrisa que me ha vuelto loca estos últimos meses.

Me vuelve a besar, y mientras lo hace, camino hacia atrás, arrastrándole a él conmigo, hasta que quedamos sentados en el sillón, yo ligeramente encima de él. Si hace tan sólo diez minutos alguien me hubiese asegurado que ahora estaría enrollándome con Flynn en el sillón, me habría reído. Y de hecho aún no me lo creo del todo.

Nos separamos de nuevo, pero esta vez me recuesto sobre él y le abrazo, como asegurándome de que aún está ahí y no se va a escapar. Parece ser que él está pensando lo mismo, porque me rodea con sus brazos fuertemente.

-Oye… si quieres que me vaya… - comienza a decir.

-No, no quiero. Quédate – Sé que lo más correcto sería que se fuera. Mi tía está dormida en el cuarto de al lado, y debería ser más sensata… Pero en estos momentos no puedo serlo. Tengo a Flynn, y lo tengo aquí a mi lado, y puedo abrazarlo, y besarlo…

-¿Estás segura? – me pregunta. Yo asiento efusivamente con la cabeza – Bueno, al menos deberíamos ir a tu cuarto o algo, no vaya a ser que tu tía me vea aquí…

-Créeme, será mucho peor si entra a mi cuarto y te ve ahí. ¿No te importa quedarte?

-No, no me importa. No me importa en absoluto – se inclina y vuelve a besarme, y me dejo llevar por el beso.

Lo último que recuerdo es haber cerrado los ojos, recostada sobre su pecho, mientras me acaricia el pelo.
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